Clarín. Ana María Battistozzi . Arco.

Tradición y novedad en Arco 2003
la feria de arte de Madrid

Galerías del mundo. Hay 277 stands exponiendo. El arte argentino llegó con dificultades pero ya consiguió colocar obra en la colección Reina Sofía. Protestas antibélicas en la apertura, a la que asistió la pareja real.

Sillones inflables, camas gigantes para veinte personas, almohadones y puff por todos lados. Tanto set de descanso habla de que este año trajinar la feria no será fácil. 277 galerías de todas partes del mundo, ocupan 21 mil metros cuadrados del predio ferial IFEMA en las afueras de Madrid. Pero aunque los organizadores distribuyeron zonas chill out (áreas de relax de las fiestas rave) para los visitantes, al menos en el día de la inauguración no fue suficiente para neutralizar el clima de tensión que generaron las protestas antibélicas
La cuadrilla de autos azules que depositó al rey, la reina y su comitiva a la entrada de ARCO para la ceremonia de apertura, debió sortear una manifestación de jóvenes con camisetas en las que se leía «¡No a la guerra!».
Es que, tras veintidós ediciones, ARCO se convirtió en una vidriera de resonancia. Esto lo saben bien quienes hacen oír aquí su protesta antibélica pero también las galerías argentinas que hacen un esfuerzo descomunal para llegar aquí con su oferta. En esta oportunidad han acudido Ruth Benzacar, una histórica de ARCO, Del Infinito, Jorge Mara-La Ruche y Arte x Arte.
Por eso, el gran drama del martes y miércoles para Del Infinito y Ruth Benzacar fue ver que se acercaba la inauguración y la carga con las obras, despachadas desde Buenos Aires, para su stand no llegaba. «Invertir un promedio 30 de mil dólares para estar presentes y que ocurra esto es desastroso», se lamentaban las galeristas mientras intentaban que para la apertura sus stands lucieran por lo menos decorosos. El objetivo fue cumplido a tiempo gracias a la colaboración de los artistas de una y otra galería.
Pablo Reinoso llegó desde París con una escultura inflable y dos piezas de reminiscencias orgánicas, mientras Marie Orensanz recorrió la misma ruta para acercar al stand de Ruth Benzacar dos de sus piezas realizadas en fragmentos de mármol de Carrara. Otro tanto aportó Andrés Compagnucci que vino de Miami con un par de pinturas de flores. También RES llegó a Madrid con una versión de su autorretrato Yo Cactus , que presentó hace años en la Bienal de La Habana.
Por suerte la carga llegó al día siguiente y mejoró el humor de todos. Así Del Infinito pudo exhibir, junto a los objetos de Irene Banchero y las fotos de Matilde Marín, todo el repertorio de su envío que despertó el interés del comité de compras del Reina Sofía. Se pueden ver en el stand un objeto de Oscar Carballo; las sutiles cajas de Analía Salazar; una video instalación de Silvia Rivas; pinturas de Carlos Masoch y varias piezas históricas de Arden Quin, Lozza y Enio Iommi. El comité se inclinó finalmente por un Hlito de los años 40, un César Paternosto y un Virgilio Villalba que trajo otra galería argentina: Jorge Mara- Laruche.
En tanto Arte x Arte, la cuarta galería presente y la única galería exclusivamente consagrada a la fotografía y al video, exhibe trabajos de Alfonso Castillo, Norberto Puzzolo —que expone ahora en Bellas Artes—, el español Rafael Navarro y Cecilia Paredes Polack.
Pero no termina aquí la presencia argentina en ARCO. En el stand del galerista colombiano Luis Fernando Pradilla hay una instalación con tubos de vidrio de Mónica Van Asperen y también se exhibe «El asadito», la fotografía de Marcos López que transmuta la escena de La última cena en un asado de amigos.Por otro lado, la galería Mirta Demare de Rotterdam incluye en su oferta unas cajas de Marcela Cabutti y también presenta Fin del mundo uno de los proyectos digitales de la feria con obras del artista argentino Gustavo Romano.
En Ramis Barquet de Nueva York y Monterrey hay una gran pintura de Kuitca de los años 90, una elección que suena oportuna a partir de la gran muestra que le dedica el Reina Sofía en el Palacio de Velázquez del Retiro. Por último la galería Kent de Nueva York exhibe una obra conjunta de Judi Wertheim y Leandro Erlich que fue presentada en la última Bienal de La Habana.
La panorámica de la feria traduce un raro equilibrio entre tradición y novedad. El rótulo de arte contemporáneo reúne bajo un mismo paraguas nombres como Picasso, Saura, Paul Klee, Tapies y Tony Cragg junto a las jóvenes estrellitas españolas Ana Laura Aláez, Alicia Framis, el cubano Carlos Garaicoa. Pocas piezas de calidad museo arte contemporáneo. Y entre ellas hay una instalación del americano Bill Viola en James Cohan de Nueva York y una magnífica instalación de Olafur en la galería Neugerriemschneider de Berlín.


Página 12. Por Fabián Lebenglik . Web.

MARCELA CABUTTI EN LA GALERIA LUISA PEDROUZO
Como las nieves del tiempo

A través de objetos de cuidada y poética realización, la artista
evoca su vida presente y su infancia en City Bell.

Marcela Cabutti (La Plata, 1967) se formó como escultora en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y se especializó en diversas técnicas en Europa, especialmente en Milán, donde obtuvo un master en “diseño y biónica”, en el Centro di Ricerche Istituto Europeo di Design.
Desde comienzos de la década del noventa, su obra –que suele evocar la naturaleza, particularmente los insectos– se caracteriza por una impecable realización, muchas veces cercana al símil industrial y un cuidado rigor formal, que no sólo aprendió a lo largo de su completa formación como artista, sino también –y anteriormente– en el antiguo taller de plomería y soldadura de su abuelo, fuente familiar y técnica de su pasión por la “fabricación” de objetos y esculturas. Ese cruce entre el objeto industrial y artesanal es un dato constante en el trabajo de la artista.
Desde la primera muestra individual que registra quien firma estas líneas, “Insectos de la vida cotidiana” –una muestra que la propia artista borró de su catálogo tal vez por autoexigencia, o por considerarla “temprana” en cuanto a su realización o fuera de circuito por llevarse a cabo en plena calle Corrientes, en las paredes del bar de la librería Liberarte, hace diez años–, Cabutti presentaba un conjunto de esculturas inflables en PVC vulcanizado y pintado que evocaban insectos –algunos de ellos con nombres y apodos, comenzando por Gregorio, en homenaje a Gregorio Samsa, el personaje kafquiano de La metamorfosis. Entre el humor, la reflexión y la “temprana” calidad en la realización, la escultora tomaba la naturaleza como punto de partida de su trabajo, al tiempo que proponía, siguiendo a Deleuze y Guattari en Kafka, por una literatura menor –quienes allí reflexionan sobre la desestructuración del pensamiento y de la escritura a través de las líneas de fuga erráticas e impredecibles que trazan los insectos en su huida–, un pensamiento desestructurado contra una parte de la pesada tradición escultórica argentina.
En su nueva exposición la artista presenta obras complejas no sólo en realización –por la combinación entre fotografía y modelado de piezas– sino también en la construcción de sentido.
Ya no se trata de una obra esencialmente juguetona –como la inicial– sino de un trabajo que reflexiona nostálgicamente acerca del pasado y de la infancia en City Bell, donde se superpone perfectamente el tiempo de la niñez –cuando frecuentaba el mundo de sus abuelos–, con la cotidianidad de la City Bell de hoy: el contraste de tiempos marca, formalmente, diferentes escalas, ausencia de colores, presencia constante de insectos, rincones, plantas y jardines, etc. Hay un corte y al mismo tiempo una continuidad con ese pasado que se evoca. Se trata de una memoria localizada, que recupera lugares, escenas, detalles mínimos.
Parte de la complejidad de la obra surge por la combinación de técnicas y materiales: fotografía en blanco y negro enmarcadas y colocadas en cajas que al mismo tiempo son cuadros u objetos; pequeñas piezas modeladas (que a su vez se incluyen en las fotografías) y luego plateadas para ser exhibidas como partes de la obra.
En otra obra –todas sin título– también la artista apela al dibujo para evocar telas de araña en una secuencia. Hay algo teatral, notoriamente escénico, en la construcción del sentido de cada obra. Varias etapas sucesivas que van sumando complejidad sin transformarse en densidad. Fiel al virtuosismo que la caracteriza, Cabutti trabaja obsesivamente la imagen: desde el granulado de las fotografías, pasando por la ajustada composición (técnica y visual) hasta la combinación entrelos diferentes pulidos de sus hojas, frutos e insectos plateados, en sus variantes opacos y brillantes.
En varios casos esa teatralidad es lo primero que se revela al ojo del espectador. Una de las piezas un cachorro plateado mete la cabeza dentro de la regadera en una imagen contrastante tanto por su forma como por el encuentro de materiales, texturas y grados de opacidad o transparencia. Otra pieza –también plateada–, duplicada en diferentes escalas, consiste en la figura de un niña arrodillada en el jardín, en la búsqueda de tréboles. Un conjunto de dos piezas pequeñas escenifican el encuentro en el abuelo y la nieta a punto de intercambiar flores recién cortadas.
La búsqueda del pasado, en el caso de Marcela Cabutti, no es exclusivamente nostálgica, porque hay una recuperación de ese pasado volviéndolo, en algún sentido, presente. La geografía, los jardines, los árboles y plantas, los insectos, conservan una identidad y una permanencia que establecen un eje de continuidad entre aquello que se evoca y el presente desde el cual se ejerce la memoria.
Por otra parte, hay una toma de distancia especialmente subrayada en cada obra. Una memoria que recorta, enmarca, cambia de escala, transforma los colores en escalas de grises… Hay todo un mecanismo de formalización de la memoria que supone códigos comunes de representación del paso del tiempo. En este punto, la memoria personal e íntima, aquello que se supone intransferible se vuelve colectivo a través de los procedimientos técnicos, tanto de aquellos más usuales, como de los introducidos por la artista. La memoria afectiva puede ser también, como demuestra la exposición de la artista, una memoria compartida.
En alguna de sus aristas –en las de mayor ternura–, las piezas plateadas de Cabutti tienen como antecedente las obras plateadas de Alberto Heredia, quien trabajaba sus “roperos” de plata como condensación del relato de una vida ejemplar, en el sentido de las ejemplaridad tomada como oscilación entre lo personal y lo social.
“¿Y respecto de la memoria del arte? ¿A cuál convoca? –se pregunta Daniela Koldobsky en el catálogo de la exposición–. Sin dudas, la de ese género post Duchamp que es el objeto, y más directamente, la de ese mundo extraartístico que son los objetos plateados de bazar; y quizás también en eso funciona la memoria de un arte reciente que convoca a esos mundos otros”.
Debe destacarse el montaje de la muestra, tanto en el caso de las “cajas”, como en el de las obras compuestas, fuera de caja –ellas mismas pueden ser consideradas un efecto de montaje–, en las que la fotografía está colocada sobre el suelo, como una pequeña escenografía delante de la cual se ubican teatralmente las plantas. En este caso, la relación entre lo complementario y lo necesario se confunde de modo que el conjunto adquiere una lograda autonomía dada por el grado de contextualización de toda la obra. (Galería Luisa Pedrouzo, Arenales 836, hasta fin de mes.)


Diarios y revistas internacionales

  • “L´ ECO DEL CHISONE”, (Italia): “L´ arte dei “Piamontesi nel Mondo”. (por Laura M.P.), Sección Cultura, Julio de 1994.
  • “LA STAMPA” (Italia): “A Pinerolo Colectiva con Chessa Cordero e Fico” (por Angelo Mistrángelo), pág. 43. 17 de Julio de 1994
  • LOBOEL T.V. Dresden (Alemania): “Dretischeibe” (por Heinz Kulb), 19 de septiembre de 1995.
  • “SÄCHSISCHE ZEITUNG” (Alemania): “Herzchläge und Zikadengesang (por Birgit Hilbig), pág.11, 20 de septiembre de 1995.
  • “EL MUNDO” ( España), “ Cuando la tecnología copia la organización de la naturaleza”;
  • “Futuribles” , Edición Arco, Pag. 3, 14 de febrero de 2003.
  • “EL PUNTO” (España), “ Futuribles”, Número 687, 14 a 20 de febrero de 2003.

Videos

Vídeo musicalizado sobre Exposición de Arte Inflable. Trabajo de Tesis. Salón República de los Niños. Realizado por el programa Gusano Venenoso de la Facultad de Bellas Artes, U. N. L. P.
Realización de Video-Danza con esculturas inflables del trabajo de tesis. Salón República de los Niños por Diana Fainstein, Patricia Ríos (Danza), Virginia Giacobbe (vídeo) y Marcela Cabutti (fotografía).
Realización de vídeo Exposición AEIOU, Recoleta Buenos Aires. Por Ricardo Pons, con sonido de Mutineli y Gaitán.

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