Galería Del Infinito. CABA.
Curaduría: Lucía Savloff.
Audiovisual: Luis Migliavacca.
Fotografía: Santiago Poggio y Marcela Cabutti.
Fotografía de Sala: Fabián Cañás.

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Acerca de la distancia afectiva de los objetos

Acerca de la distancia Afectiva de los Objetos consiste en una serie de acciones perfomáticas con objetos cerámicos que considera la distancia real y la distancia proveniente de la memoria de objetos, obtenidos de diferentes espacios personales, familiares, comerciales e institucionales: a partir de los cuales se pueden pensar metáforas y significantes para la construcción del proyecto, buscando transformar la afirmación en interrogante.
La utilización de objetos cerámicos o de cristal existentes, implica la idea de la nostalgia que también forma parte del proyecto como referencia a experiencias de cotidianidad alguna vez habida. Así como ha demostrado varias veces la historia, al colocar objetos coleccionables como fetiches mezcla de triunfo y placer, en el lugar del objeto rigidificado y museístico, que supuestamente garantizaran el sostenimiento de un escenario en un tiempo estable y duradero, sin dudas esta estabilidad de privilegio ha llegado a su fin.
Estas piezas usadas para la acción y el video actúan como archivo de escenas que van desde en un nivel micropolítico a un nivel más macro, interrogando acerca de lo que resiste a la memoria.
Las acciones involucran a dos personas en su intento de delinear la historia de un “entre dos”: enfrentadas, juegan con pares de objetos cerámicos colgados de dos cuerdas unidas en un punto común en el techo. A través de la fuerza del empuje de sus manos las piezas se balancean intentando esquivarse o chocarse. Estas acciones pueden entenderse como testimonio de los diversos tipos de rupturas.



Repertorio de escenas para un abordaje de lo afectivo

Por Lucía Savloff.
En Acerca de la distancia afectiva de los objetos, Marcela Cabutti presenta un conjunto de acciones
performáticas que aborda las relaciones entre las personas y los objetos. A través de filmaciones y
fotoperformances, la muestra despliega una serie de interrogantes que las distintas escenas buscan
responder: ¿Cómo gestionar el peso de la dimensión afectiva de los objetos provenientes de nuestra
historia? ¿Qué elegimos conservar y qué no? ¿Cómo atravesar ese proceso?
A lo largo de la exposición observamos distintas pruebas y ensayos que, en palabras de Marcela Cabutti,
configuran un “archivo de escenas”: objetos en suspensión, puestos en movimiento, sometidos a distintas
fuerzas, que oscilan en el aire o entran en contacto. La propuesta nos reenvía desde las leyes de la física a la
dimensión histórica, simbólica y afectiva de las cosas. Puedo sostener un objeto para medir su peso, pero
¿cómo medimos el peso de una cosa cuando ésta suscita en nosotros la intensidad emocional de ver en
ella la presencia de quienes la han usado y amado?
Ahora bien, en un mundo en el que, como señala Jean Baudrillard, los objetos proliferan, las necesidades se
multiplican y la producción acelera el nacimiento y la muerte de los objetos: ¿qué espesor puede adquirir la
pregunta por el peso, la resistencia y la vida de las cosas?. Bajo la lógica del consumo las cosas se
descartan y reemplazan rápidamente. ¿De qué nos perdemos cuando percibimos a los objetos que nos
rodean como entidades conocidas, exentas de misterio?, ¿cuál es el papel de la memoria y la imaginación
en el restablecimiento de ese vínculo afectivo y sensible con los objetos?
Nos detenemos ante uno de los grandes recipientes de lata que aparecen dispuestos en la sala: aplastados
por una presión extrema que los comprimió hasta reducir su tamaño. Así plegados, su interior refulge.
Atraídos por su superficie, ignoramos de dónde provienen sus elementos constitutivos y, en general, las
acciones humanas que hicieron posible su estar aquí. Los objetos conservan huellas de las relaciones
económicas y culturales que los anteceden, procesos naturales, históricos y sociales anudan su existencia al
mundo. En su trayectoria previa, Marcela Cabutti ha explorado con gran sensibilidad los procesos de
transformación de los materiales, prestando especial atención a los saberes acumulados en oficios y modos
de hacer. Existe una memoria ancestral que se activa en el encuentro de los cuerpos con la materia. Desde
esta perspectiva, la filmación de una prueba de tracción realizada en una fábrica de adhesivos, adquiere
múltiples sentidos. La máquina buscará separar dos probetas (pequeñas piezas de metal), mientras el visor
indica la cantidad de kilos-fuerza soportados por la unión antes de la ruptura. Múltiples preguntas se
disparan respecto a la intensidad de los vínculos y los distintos tipos de rupturas.
No es casual que para el tratamiento de esa envoltura sutil e invisible que constituyen los sentidos afectivos
con los que investimos a las cosas, Marcela Cabutti realice un llamamiento al cuerpo. Según Diana Taylor,
las estrategias performáticas están profundamente enraizadas en las Américas, bajo la forma de acciones o
actos en vivo que transmiten saberes sociales y memoria colectiva. Este proyecto de Marcela Cabutti podría
pensarse como un repertorio, en el sentido que Taylor otorga al término, cuando se refiere al conjunto de
procesos por los cuales una memoria corporal circula a través performances, gestos y narraciones. Según la
autora, el repertorio se distingue del archivo en la medida en que brinda acceso a un saber efímero, cuya
transmisión requiere la presencia del estar allí.

La pregunta por la distancia afectiva que mantenemos con los objetos puede ser confrontada con la
distinción que establece el filósofo italiano Remo Bodei entre las ideas de ‘cosa’ y ‘objeto’. Según Bodei el término ‘objeto’, (del latín objectum, aquello que se enfrenta al sujeto como problema u obstáculo), refiere a
aquellos utensilios de la vida cotidiana que tratamos con indiferencia, como meros bienes con valor de uso o
cambio. Por el contrario, la cosa tiene un significado especial para la persona que la posee, carga con un
sentido afectivo e intelectual. La noción de cosa entonces, sería más amplia que la de objeto pues incluiría
una multiplicidad de significados simbólicos y cognitivos. Aunque dicha distinción no se hace visible en el
planteo de esta exposición, que conserva la cotidiana equivalencia entre objeto y cosa, la propuesta de
Bodei resulta sugerente a la hora de considerar la dimensión afectiva de los objetos. En este sentido, resulta
interesante el enlace que Bodei establece con lo colectivo, cuando señala que el origen del término cosa
proviene del latín “causa”, aquello que consideramos importante como para movilizarnos en su defensa
(velar por algo, luchar por una causa). La cosa se asocia entonces a lo que nos concierne y merece ser
discutido en público. Mientras que la tradición de las artes visuales el término “objeto” tiene su propia
historia, Cabutti lo conserva y enlaza así con un conjunto de artistas que han abordado lo objetual como
material de exploración conceptual y poética.
En este conjunto de obras Marcela Cabutti manipula y dispone objetos provenientes de su historia personal.
La filmación “Choque” registra a dos personas enfrentadas que juegan con un par de objetos suspendidos
desde el techo. Ambas sostienen y luego sueltan, distintos objetos que son lanzados a su encuentro. Vemos
su trayectoria y el momento en que entran en contacto. Una primera lectura puede ver allí un gesto
iconoclasta, la violencia de la destrucción. Sin embargo, ya Aldo Pellegrini señaló a propósito de la
exposición Arte Destructivo que “los objetos se rompen o destruyen siguiendo leyes internas de la materia
que los componen: su destrucción revela el secreto de su estructura esencial”.
¿Puede entonces esta
puesta en escena del fin de la vida de los objetos ser investida de otros sentidos?
Las acciones se nos presentan a través del registro fotográfico y audiovisual, la mediación acentúa su
cualidad íntima. Como un rito de pasaje, lanzadas al espacio, las cosas habitan el movimiento. ¿Puede verse
en este gesto un tono opuesto al destructivo? Las cosas, transformadas por el encuentro, flotan, se rodean,
se esquivan y finalmente reposan, una junto a otra, en una clara quietud. Quizás lo que resulta conmovedor
en esta escena sea ver en esa acción un gesto doble, mezcla de despedida y celebración. O acaso sea el
intento de tramitar la angustia que nos provoca el hecho rotundo que señala Borges en su poema “Las
cosas”: la constatación de que las cosas serán más resistentes que nosotros y nos sobrevivirán.
En esta serie de obras Marcela Cabutti continúa explorando a través de su singular tratamiento de la
materialidad física y poética, nuevas vías de acceso a las zonas más profundas de la experiencia vital. Su
trabajo aborda la dimensión afectiva de la existencia, y renueva el deseo de establecer con el mundo una
relación que privilegie el contacto sensible, haciendo de la ficción y lo poético el barco que nos permita
lanzarnos a la tarea de amar el mundo y la vida, pese a todo.


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